| 08 Julio 2009
El odio al desamparo Alberto Sladogna. ¿Qué desamparo? El producido por un agujero ante una crisis vital, si tenemos hambre, no hay alimentos, quedamos boquiabiertos; si alguien nos golpea para llevarse un dinero - Mamma Rosa- es un robo sin límites. La orfandad social, subjetiva era exclusiva de los marginados. La caída de las referencias produjo una inflación geométrica de la desprotección: los marginados tienen compañía, más sectores otean ese horizonte, los otrora poderosos: financieros, industriales caen presa de la antropofagia del mercado. Antes decían: “quedaron desocupados”, hoy se comunica “Se suprimieron puestos de trabajo” ¿Cómo ocupar un puesto suprimido? El humano requiere siempre de otro (“Él que no llora no mama”). La amenaza se implanta desde la concepción hasta la muerte (Freud, 1898; Lacan, 1938). El amparo no es natural es un producto cultural. Cada sociedad tiene sus modos de construirlo. Con el cambio cultural cayeron las referencias (“Padres respetados eran los de antes”) al mismo tiempo se dan los primeros pasos para otras protecciones. Se ha caído Dios, el Estado fue desdibujado, los partidos se representan a sí mismos, el líder escasea, el pueblo se esfumó, el proletariado entró en estado crítico, “¿Dónde están los hombres?” preguntan las mujeres. ¿Y el odio? El oído es gemelo del odio: se odia algo por lo oído. El odio desplegado por la actual delincuencia encuentra su compañía especular –de espejo y de especulación- en las propuestas que alientan el odio para enfrentarlas. El oído es un agujero que no tiene parpados, en el Borda, algunos internos tratan de obturar los oídos para descansar de las voces. Nosotros solo dormimos cuando dejamos de escuchar ¿Cómo cerramos los oídos? El odio articula el nuevo desamparo, cuando el Estado pasa a ser un Estado de ánimo, extraño esa es una consecuencia de la Ilustración: emancipar al niño de toda tutela, nos guste o no, lo ha conseguido, ya no hay retorno, ahora quedamos en un Estado específico: la orfandad ilustrada. Mariano Grondona - “El odio al campo”8/02/2009- atribuyó ese afecto a la presidenta Cristina Fernández, el odio no está ahí sino que la gente, el colectivo puso la oreja, escuchó lo que ha sido dicho.





