| 13 Julio 2009

La caída de una cultura a partir de la ciencia Alberto Sladogna
Una pregunta: La caída de una cultura ¿constituye un objeto causa del deseo? O ¿Se trata de otra cuestión?.
Veamos al pie de la letra lo siguiente:
La misma escuela de Platón se orientó, poco después de apagarse el espíritu rector del maestro, por derroteros completamente distintos de los que a qué trazara.La conquista del oriente por los macedonios y los griegos colocaba a las energías nacionales de Grecia, ya muy quebrantadas por el inminente derrumbamiento de las antiguas formas políticas a comienzos del siglo IV, ante nuevos problemas nacionales que, a su vez, podía inyectar nueva vida a la polís…De las antiguas ciudades estados, con su trabazón tan coherente y cerrada, las que no se hundieron en la tormenta, vegetaban en una paz de cementerio…
La cultura que ahora hermanaba a los griegos y a sus asociados tenía como base la ciencia, la cual no conoce fronteras nacionales… En el terreno de la filosofía todo fue aflojándose poco a poco la ambición jamás satisfecha que movía a los audaces investigadores a buscar nuevas y nuevas preguntas y respuestas. Unos cuantos edificios, construidos con arreglo a las fórmulas ya plasmadas de las escuelas, brindaban refugio a quienes anhelaban la certeza y permanencia del conocimiento. Mayores y más independientes eran aún los cambios producidos en las ciencias especiales, que, desligándose por entero de la filosofía, se desarrollaban ahora pletóricamente y con arreglo a leyes propias… El arte pierde aplomo, se convierte en un juego, pues es la ciencia la que ahora determina el contenido y las formas de la cultura… Y esta cultura, basada en una ciencia dilatada, se asimila a la naturaleza propia de toda ciencia. La ciencia se aferra siempre a la vida; proyecta el espíritu sobre el más acá; apenas siente la necesidad, la comezón, de remontarse por encima de lo cognoscible, de lo que jamás llega a conocerse bastante, de lo inaprensible, de lo que escapa al dominio de la investigación. Un sereno racionalismo, que se da por satisfecho con cavilar lo que la razón puede discernir, sin sentir jamás la nostalgia de los escalofríos de un misterioso trasmundo: tal es el espíritu que preside la ciencia y la cultura de la época helenística, más que cualquiera otra fase de las que acusan en la trayectoria de la cultura griega… La esperanza o el temor de la inmortalidad ejercen poco poder sobre las gentes cultas de esta época. En todas ellas lleva la batuta la física, la filosofía de la naturaleza; la teología queda relegada a último plano, y sólo de un modo vago logra hacer oír, cuando lo logra, su voz sobre el origen divino y la vida eterna del alma.





