| 22 Octubre 2009
México, 21 de octubre, 2009

Crónica atrevida de la presentación del libro:
FORO SOBRE LA DESPENALIZACIÓN DEL ABORTO, por Adriana Canteros, miembro de Escucharte.
Día de sol en el DF. Luego de atravesar la Av. Insurgentes, llego a la enorme Ciudad Universitaria. La cita era a las 12:00 hs, pero mi inexperiencia entre las torres de la UNAM derivó que la llegada al Auditorio se atrase. Escucho una voz hablando por micrófono, pienso que eso está muy bien, el aborto es un tema para hablarlo bien fuerte y que lo escuchen todos.
En el Auditorio del CEIICH me encuentro con un público en su mayoría mujeres. Se presentaba el libro “FORO SOBRE LA DESPENALIZACIÓN DEL ABORTO Respuesta Social Frente a las Controversias Constitucionales.” México, 2009. Ed. Javier Flores. Este libro fue producto del ejercicio democrático realizado por cientos de hombres y mujeres que defendieron su postura ante la reacción de gran parte de la sociedad mexicana luego de que el 24 de abril de 2007, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, aprobara por mayoría la despenalización del aborto.
Políticos, organizaciones pro-vida y sobre todo la jerarquía eclesiástica interpusieron recursos ante esta nueva ley, declarándola inconstitucional, intentando con esto volver a penalizar el aborto es decir, a penalizar la decisión y el deseo de las mujeres.
A medida que escuchaba los ponentes, me surgían muchas preguntas. Dos son las que no alcanzo ni siquiera a articular muy bien, ¿Cómo se legaliza el deseo? O más bien, ¿Cómo legalizar la decisión (subjetiva) que una mujer toma en relación a su cuerpo? ¿Por qué esto debe ser así? Por otra parte, ¿por qué una sociedad llega a un punto donde se le otorgan derechos a una mujer?, ¿es que antes no los tenía? Uno de los autores hablaba de “igualdad de género ante la ley”, me pregunto ¿qué contexto social sostiene todavía estas diferencias? Y, ¿en qué contexto social vivimos que gran parte de la sociedad no toma como algo inconstitucional que se penalice a la mujer que toma decisiones sobre su cuerpo?
Otro autor abrió el debate acerca de ¿cuándo comienza la vida humana?. Criticó duramente a la iglesia y aseguró que el hombre es producto de la evolución biológica y no de la creación divina. Oponiéndose a la idea de que ya existe vida humana a partir de la concepción y mostrando al auditorio fotos de células embrionarias, desplegó interesantes preguntas, “¿dónde está la individualidad? ¿Dónde está el individuo o la persona en esas células? si se pueden hacer experimentos con diferentes genomas,¿ dónde está el individuo ahí?” Concluyó su plática diciendo que no hay nada no biológico o espiritual en el genoma humano y que se puede considerar a un embrión como ser humano a partir de que el sistema nervioso central alcanza su desarrollo óptimo. Yo me pregunto, antes del desarrollo de la corteza cerebral en el embrión, ¿qué hay entonces en el útero de una mujer embarazada? ¿Qué son esas células creciendo? Pero con estas preguntas debo ser cautelosa, y no caer en la tentación de nombrar/normar lo relativo a la vida y a la muerte como lo hace la religión cuando afirma que, ” la vida comienza en la concepción y termina con la muerte natural” Pienso que el ser humano no tiene nada de natural, y más allá de la biólogía, el hombre es a partir de la cultura, es a partir de que se introduce en el lenguaje, y en ese caldo de lenguaje puede nombrarse con la palabra que más le plazca.
Más adelante Marta Lamas nos invitó a “hablar de estas cosas”, a crear “estrategias discursivas y pedagógicas” que posibiliten el debate público tan censurado por los medios de comunicación. La antropóloga se hacía una pregunta, “¿Cómo cambiar el discurso para poder incidir?”, interrogante elemental si queremos provocar que más personas se animen a debatir sobre el tema. La autora continuó diciendo “en vez de preguntarnos si estamos a favor o en contra del aborto, debiéramos preguntarnos ¿quién decide sobre el aborto? ¿Médicos, sacerdotes, políticos o la mujer?” No pudo ser más precisa.
Para finalizar Javier Flores, editor del libro, también criticó duramente a la iglesia. Puso en evidencia las inconsistencias de las posturas adoptadas por los eclesiásticos. Al igual que un analista, llevo los preceptos religiosos hasta un sinsentido que produjo risa. Hizo vacilar la jerarquía de valores que utiliza la iglesia, en el intento de normativizar las nuevas tecnologías de reproducción asistida, normas que dictan que alguien es un ser humano si nace dentro de determinada estructura social (familia) o un “artefacto” si nace bajo otras circunstancias de las exigidas por el Vaticano. Luego, concluyó la presentación del libro invitando a todos a dejar de fingir que las cosas no suceden, y a seguir interrogándonos todo lo que sea necesario.
En este momento tengo más preguntas que respuestas, y sé que tendré más interrogantes todavía cuando lea el libro. Pienso que no fue casual que me haya costado tanto llegar al Auditorio del CEIICH. Como analista pero sobre todo como mujer, fue hasta un atrevimiento de mi parte presenciar un espacio donde la palabra fluía libremente y donde el deseo de la mujer era el protagonista. Quizás no me haga mal ser cada vez más atrevida.
Adriana Canteros





