Escrito por Adriana Canteros
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12 Octubre 2009
La Malinche, figura enigmática de la conquista de México, personaje que organiza y toca mitos a partir de un nudo del lenguaje: doña Malinche hablaba varias lenguas, fue intérprete y a la vez esposa reconocida por Cortés, uno de los conquistadores ¿Cuáles son las enseñanzas o preguntas derivadas de esa experiencia, que a veces es calificada de “malinchista”?
El carácter performativo de este personaje mítico, ¿qué consecuencias produjo en la condición de las mujeres en México?

ilustración de la misma autora: Adriana Canteros.
Malinche
Se cree que Malitzín, era oriunda de Veracruz. Nació en una familia noble y al morir su padre, un cacique de Painala, su madre se volvió a casar, tuvo un hijo varón quien sería el heredero del trono y decidió vender a Malitzín cuando todavía era pequeña. Tiempo después, Doña Marina, Malintzin o Malinche junto a otras tantas mujeres, joyas, oro y otros objetos, fue entregada como un regalo que recibió Cortés luego de haber ganado la batalla de Cintla. Estas mujeres eran obsequiadas a los conquistadores con el fin de que los atiendieran.
¿Por qué se dice que La Malinche es un personaje mítico? Varios autores se han dedicado a intentar redactar una biografía de la Malinche, sin embargo sólo se cuenta con algunos datos certeros. En esta ocasión se intenta destacar el carácter mítico de esta mujer, teniendo en cuenta que un mito se produce a partir de creencias o imágenes idealizadas que se forman alrededor de un personaje y que lo convierten en modelo o prototipo. Es decir, este personaje ha dado lugar a diferentes significaciones y nociones que siguen vigentes en la actualidad. Teniendo en cuenta el carácter performativo[1] del decir de la Malinche y las circunstancias en las que se encontraba, era una esclava, una indígena y una mujer, ¿Qué hizo la Malinche con eso que dijo?, ¿Qué de lo que dijo la Malinche hizo que su nombre perdurara hasta nuestros días?, ¿No es interesante que en una sociedad donde las mujeres son calladas, la Maliche siga dando que hablar?
¿Una traición?, una condena
El mito de la Malinche trae consigo un mote o un derivado de su nombre: el malinchismo. Ser malinchista en México significa preferir lo extranjero por sobre lo nacional, -o lo propio-. Significa un insulto al nacionalismo, a lo más propio de la cultura mexicana. Significa la peor traición a la patria. Pero, ¿qué traición? ¿Qué patria había en la época en que llegaron los españoles?, ¿A qué o a quién traicionó la Malinche?
La palabra traición nos remite a engaño, trampa, a simular ser otra cosa. Un autor dice que la simulación es una conducta habitual del mexicano. “simular es inventar o, mejor, aparentar y así eludir nuestra condición.” (Paz 1950, p.46) La Malinche entonces, ¿simuló?, ¿aparentó ser alguien que no era o escondió su condición? o,¿cuál era la condición de ser de esta mujer? Nombrada faraute, “el que interpreta las razones que tienen entre sí dos de diferentes lenguas. El que lleva y trae mensajes de una parte a otra. Persona entremetida que quiere organizarlo todo”[2] y secretaria de Cortés, Marina cambia de posición, en el momento en que pasa de ser la esclava que había sido regalada a los conquistadores a tener una función más activa, la de ser, la lengua y concubina de Cortés. Era entremetida y desenvuelta, se hacía notar ya que hablaba dos lenguas. ¿Quién fue conquistado entonces? La relación conquistador-conquistada se invierte, dejando a muchos, inclusive a Cortés, perplejos por el lugar que Marina se había ganado.
Vuelvo a Octavio Paz, pienso que Marina no simuló ser quien no era y esto le trajo muchas consecuencias, no sólo a ella sino a las mujeres en general. Su papel activo, destacarse entre las esclavas, mostrar que sabía varias lenguas no concordaba con el común de las indígenas. Lo interesante fue la reacción de los hombres, inclusive de algunos autores contemporáneos ante esta mujer que salió de los cánones esperados. Reaccionaron con un insulto, ubicándola como traidora, y hasta como la chingada, sin darse cuenta de que ella fue la madre del primer mexicano. Entonces, ¿serían todos hijos de la chingada? Es llamativo, que en la época de la conquista como hasta en la actualidad cuando una mujer habla, está haciendo algo, este hacer conlleva un movimiento del lugar que le había sido asignado. Este movimiento hace que los hombres no sepan qué hacer con ellas y reaccionan con un insulto. ¿Es este acto en el decir de una mujer lo que produce un nudo en la garganta a los hombres? ¿Es este insulto, “malinchista”, utilizado hasta nuestros días el legado o la condena que dejó el decir de la Malinche?
Vuelvo a mis preguntas: ¿a qué traicionó La Malinche? ¿A quién? Según el Diccionario de la Lengua Española la palabra traición es un: delito que se comete contra la patria o contra el Estado, en servicio del enemigo. [3] ¿A qué Estado traicionó la Malinche? Antes de la llegada de los españoles no existía un Estado como tal. Olmecas, Mayas, Toltecas, Teotihuacanos y Mexicas, entre otros, cada cultura por su lado, luchaban entre sí. El acto de la palabra de la Malinche permitió articular las relaciones entre Cortés y los indígenas, ya que antes de que la Malinche fuera la intérprete, los conquistadores se comunicaban con los indios mediante señas. Sus palabras favorecieron a que México fuera conquistado primero, sin este paso, sin la llegada de los españoles, no sabemos de qué manera hubiera nacido México.
El extranjero que nunca se fue.
“...predestinaron como sabios que eran, que habría de volver Quetzalcóatl en otra figura, y los hijos que habían de traer habían de ser muy diferentes de nosotros, más fuertes y más valientes, de otros trajes y vestidos, y que hablaban muy cerrado, que no los habremos de entender, los cuales han de venir a regir y gobernar esta tierra que es suya, de tiempo inmemorial.” [4]
Los indígenas confundieron a los españoles con Quetzalcóatl, creyeron que el supremo retornaba en los conquistadores. Pero, ¿qué pasó con estos? Este regreso era tan esperado y familiar, y de repente estaban siendo bautizados, asesinados, ultrajados de todo lo propio. ¿Cómo puede volverse amenazante lo familiar?
Freud habla de lo ominoso como algo siniestro o que produce terror, pero que a su vez es lo más familiar desde hace largo tiempo (Freud, 1919). ¿Cómo es posible que lo familiar devenga extraño, terrorífico, y en qué condiciones ocurre esto? Entonces lo ominoso es igual a lo no familiar, es algo intrínseco, algo que está dentro de aquello que es familiar. Algo terrorífico que puede surgir en cualquier momento, como si fuera una moneda en la que una cara es la conocida y de repente si la moneda se da vuelta, muestra la otra cara, desconocida y aterradora pero que forma parte de la misma moneda. ¿Qué efectos produce lo siniestro cuando aparece?
Es así que hay un extranjero que nunca se fue desde que llegaron los españoles, un extranjero forma parte de cada uno de los mexicanos. Y cuando este extranjero se hace notar se convierte en malinchista ante la mirada de los demás. ¿Por qué insultar cuando en realidad surge algo propio? ¿No es llamativo que el insulto “malinchista”, sea una palabra que derivó del nombre de una mujer?
Marina fue esposa de Cortés, y de ellos nació Martín, hijo mestizo, primer mexicano. Es decir que este primer mexicano fue concebido por un extranjero y una indígena. ¿Se podría pensar al mexicano como un híbrido? ¿Un híbrido creado a partir de dos especies diferentes, y que no puede explicarse por ninguna de las partes que lo formaron? Si esto es así, ¿por qué el mexicano no acepta esto extranjero que llevan dentro?
Más interrogantes
Es así que la Malinche en el acto de sus palabras, en el acto de la traducción hacía algo, al igual que en un análisis, su palabra en acto produjo efectos que se actualizan hasta nuestros días. ¿Qué hace que esto se sostenga hoy todavía? ¿Cómo se estructura el lazo social que sostiene estas nociones que a veces definen a las mujeres mexicanas? Podemos pensar que estos conceptos (malinchismo, chingada) nacieron a partir de algo externo (los conquistadores) a los mexicanos mismos. La línea entre externo o extranjero y privado o propio se vuelve cada vez más fina y débil. Estar de un lado o del otro, cruzar esa línea es muy fácil, quizás porque lo extranjero es lo más propio de los mexicanos mismos. Será necesario interrogarnos acerca del origen de las palabras que todavía hacen algo. Debemos prestar atención, más allá del significado que tengan, en qué circunstancias y qué contexto sostiene este decir que hace[5]. ¿Qué consecuencias acarreó este decir de la Malinche en el lugar que ocupan las mujeres mexicanas? ¿Qué hubiese pasado con ellas si la Malinche no hubiese hablado?
Este personaje mítico, pone en cuestión las teorías patriarcales de género, donde la mujer es a partir de la definición que de ella dé el hombre. En la actualidad ¿siguen las mujeres necesitando de este otro para definirse?, ¿qué pasa con los hombres cuando se dan cuenta de que deben interrogar su función?
Adriana Canteros, integrante de Escucharte.
Bibliografía
Austin, J.L. (1955). Cómo hacer cosas con palabras. Escuela de Filosofía Universidad ARCIS. Edición electrónica de www.philosophia.cl
Glantz, Margo (2008). La Malinche, sus padres y sus hijos. México. Santillana Ediciones Generales.
Freud, Sigmund (1919). Lo ominoso. Obras Completas Vol. XVII, Buenos Aires, Amorrortu.
Paz, Octavio (2006). El laberinto de la soledad. México. Fondo de Cultura Económica.
[1] Para tratar de entender el carácter performativo de este personaje, primero debemos aclarar que, el performativo es una expresión del lenguaje, es un neologismo que utiliza J. L. Austin, filósofo del lenguaje, en su libro Cómo hacer cosas con palabras, (1955). Explica que el acto de expresar una oración, una palabra, es realizar una acción, es hacer algo efectivo. Por ejemplo, “Bautizo este barco…”, ó “Sí, juro…” En estos ejemplos parece claro que expresar la oración (por supuesto que en las circunstancias apropiadas) no es describir ni hacer aquello que se diría que hago al expresarme así, o enunciar lo que estoy haciendo: es hacerlo. Austin (1955, p.6)
[2] Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe (versión electrónica)
[3] Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe (versión electrónica)
[4] H. Alvarado Tezozómoc, “Crónica mexicana”, en C. Martínez Marín, op.cit., 568, citado por Glantz (2008, p.111)
[5] Austin menciona que cada enunciación son actos del habla, por lo tanto cada enunciación es performativa. Va a diferenciar luego, que en cada acto del habla hay por lo menos dos clases de actos al mismo tiempo, un acto locucionario, es decir, cuando decimos algo, hacemos ruidos con estructuras gramaticales que tienen un significado. Y un acto ilocucionario, es decir, cuando decimos algo, estamos haciendo algo, que más allá del significado, posee un fuerza performativa. Esta fuerza performativa no tiene que ver con el contenido ni el significado de lo que se dice, tampoco con las intenciones que pueda tener el que habla, sino que depende de las convenciones, del contexto y las circunstancias en las que se dice. (Austin, 1955)